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El horno de barro: un horno que nos hace soñar. Emplazar en nuestra propia casa un horno de barro u otro de mampostería respetando la idea básica de una bóveda con boca con un plano donde hacer fuego y luego depositar el alimento para cocinar, es más que un hecho constructivo. Lo he constatado a través de los mensajes que me han hecho llegar los visitantes de mi sitio, La Cocina de Pasqualino Marchese, y en la realizaciones de muchos hornos narrándome sus experiencias y mostrando la construcción con originales métodos e inventivas. Casi no se necesitaría más una introducción de cómo enfrentar su construcción. Alcanzarían las incontrastables imágenes, cientos y cientos de todos los rincones del planeta; se tienen las mismas sensaciones sea cuando el proyecto lo concibe un argentino o un español, un mexicano o un australiano. Generalmente no es un hecho individual. Es el jefe de familia con su mujer e hijos adolescentes que en conjuntos arman un equipo de trabajo con hechos y anécdotas que se recuerdan para toda la vida. O un amigo con su docena de amigos, todos aportando opiniones, salamines y botellas de fría cerveza o tintos y blancos según el cielo lo aconseje. Planear y decidir la construcción de un horno nos acerca al comienzo de la historia de la humanidad, al atavismo con que el hombre primitivo intentaba transformar en sabrosos bocados los alimentos cosechados de la tierra, del mar o aguas dulces. Y más, con el horneado de masas de cereales molidos en harina poder realizar el alimento primario y necesario más difundido en nuestras primeras civilizaciones; el pan o las tortas. Todavía hoy, en un mundo de hornos eléctricos o de gas, de refinado 'design' y avanzada tecnología, la expectativa que da el horno de ladrillos no ha disminuido en lo más mínimo; sabemos que las comidas horneadas serán distintas en sabor y aromas, rusticas por excelencia y con una mezcla en nuestro sentir de místico y ritual.
El horno romano estaba construido con el recurso del arco empleado extensamente en sus construcciones como medio para que un techo se sostenga con el mismo material que lo compone. Algunos eran conformado con una doble cúpula con una intersticio sirviendo de aislamiento térmico.
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